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Soldados y voluntarios, los héroes que luchan contra el fuego en Bolivia

San José de Chiquitos (Bolivia).- Los incendios en la región de la Chiquitania boliviana no dan tregua a las cuadrillas formadas por soldados, bomberos y voluntarios que a diario deben vencer los obstáculos del bosque seco para ingresar a los sectores donde los fuegos pueden volver a brotar.

Uno de los puntos de donde parten estas pequeñas misiones en Roboré, uno de los primeros municipios de la región oriental de Santa Cruz en sufrir el embate del fuego, es la Alcaldía.

Allí, grupos de voluntarios se hacen de mochilas antincendios y herramientas, además de los accesorios para recorrer kilómetros y liquidar los fuegos que todavía persisten.

Cuando surge un incendio, rápidamente cobra una fuerza mayor por la materia combustible que hay en el sitio, como la hojarasca en el suelo, los pajonales y las ramas más delgadas de los árboles que es lo primero que se quema.

"El problema radica en que una vez que pasa el incendio quedan pequeños lugares donde se forman brasas y si no se llega a liquidar el fuego se vuelve a activar con el viento", explicó a Efe el mayor Yamoner Escóbar.

Este militar trabaja desde hace unas tres semanas junto a 20 soldados, con quienes en conjunto se han desplazado a diario por una zona profunda de San José de Chiquitos, otro municipio cruceño afectado por los incendios, con el objetivo de contener los fuegos que reaparecen en la región permanentemente.

Si el viento sopla con fuerza, ese fuego avanza de forma descontrolada, como una gran ola que consume sin piedad lo que hay delante suyo y a su paso deja brasas calientes que luego, después de varios minutos, se reactivan y pueden repetir un ciclo permanente.

En los sitios por donde el fuego ha pasado quedan leños humeantes en el piso, la ceniza aparentemente seca en el suelo solo depende de una mínima corriente de aire para pasar de ser una chispa a una llama, hasta convertirse en una nueva avalancha de calor incontrolable.

Muchos de los incendios ya no están cerca de las comunidades, sino en las zonas profundas a las que se llega después de transitar varios minutos por caminos de arena acumulada que frenan y detienen incluso a los grandes camiones militares que se usan para tratar de alcanzar estos lugares.

El incendio suele estar aún más lejos, ya que es preciso caminar por varios minutos y penetrar a machetazos cientos de metros en pendiente en el bosque seco chiquitano.

Para llegar al foco principal no hay más señal que el humo en la colina que a la distancia abre el enigma de si el fuego del lugar es intenso o si se trata de un embate reciente que es preciso terminar de sofocar.

La ruta hacia el núcleo supone un desgaste y esfuerzo para los soldados y voluntarios que, a parte del peso de las herramientas o de las mochilas de agua, deben aguantar los 35 grados del ambiente y una temperatura mayor cuando se enfrentan cara a cara al fuego.

Cuando las cenizas están activas por el calor desprenden una humareda que, al respirarla, quema el pecho e irrita los ojos.

La resistencia de la naturaleza también es un elemento a vencer, ya que las ramas que están a baja altura y las enredaderas secas que se entrelazan en el suelo parecieran cerrar el paso a propósito a los desesperados agentes antiincendios.

"Es un trabajo muy cansador pero también muy gratificante", manifestó a Efe Adriana Saldías, una estudiante de Ingeniería Ambiental que se enroló como voluntaria junto a otros 15 compañeros suyos de la universidad estatal Gabriel René Moreno.

La odisea puede parecer un esfuerzo desproporcionado, ya que toda la faena no tiene más fin que liquidar el calor en sectores muy concretos para luego dejar a los soldados y voluntarios tendidos en el piso por el agotamiento.

Según las autoridades nacionales, los incendios han afectado más de 700.000 hectáreas en la Chiquitania, una zona de transición entre la Amazonía y el Chaco, aunque la Gobernación de Santa Cruz menciona que la superficie afectada supera el millón de hectáreas.

El Gobierno boliviano aseguró que los más de 7.000 incendios que se identificaron semanas atrás se han reducido a menos de un 20 por ciento y es optimista en lograr reducirlos aún más en los siguientes días con el apoyo de casi 4.000 efectivos y voluntarios que apoyan la tarea.

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