Donald Trump

Lafayette Square, un tropiezo difícil de superar para Trump

Telemundo

Charlottesville. Helsinki. Niños migrantes enjaulados en la frontera con México.

Y ahora Lafayette Square.

Hay varios episodios que marcan la presidencia de Donald Trump, quien ha salido relativamente ileso de las crisis y controversias que enfrenta. Pero la dispersión por la fuerza de manifestantes pacíficos en un parque frente a la Casa Blanca ha tenido un enorme impacto y hecho que jefes militares y políticos republicanos tomasen distancia.

Es una de esas imágenes que no son borradas de la memoria colectiva por las noticias del día siguiente y que parecen llamadas a ocupar un lugar prominente en los libros de historia. Con una fuerza tal que podría incidir en las elecciones de noviembre. El propio Trump y su círculo íntimo han expresado temor de que su impacto sea duradero.

“Es un momento imborrable cuando un presidente ordena el empleo de la fuerza contra manifestantes pacíficos que hacen uso de los derechos que les confiere la Primera Enmienda (de la constitución, sobre la libertad de expresión), para poder cruzar a pie hasta la Lafayette Square” y tomarse una foto sosteniendo una Biblia, comentó Steve Schmidt, quien fue asesor de John McCaine en la campaña electoral del 2008. “En diez minutos, deshonró su cargo y cometió un sacrilegio”.

Las calles de Estados Unidos se llenaron de protestas, algunas de ellas violentas, tras la muerte de George Floyd, un afroamericano que falleció porque un policía le puso una rodilla en el cuello. Trump se encerró brevemente en un refugio para emergencias de la Casa Blanca luego de que surgiesen llamas en la Iglesia de San Juan, frente a la mansión presidencial.

Se dispuso entonces que se dispersase a los manifestantes en la Plaza Lafayette.

Lo que sucedió después fue transmitido en vivo por la televisión: Efectivos con bastones, escudos y agentes químicos sacaron a empujones a los manifestantes y Trump caminó hacia la iglesia y sostuvo una Biblia, acompañado por altos funcionarios. La Casa Blanca de inmediato produjo un aviso festejando lo que presentó como un gesto triunfal.

Ya no transmite ese aviso y los colaboradores de Trump se acusan entre sí al hablar de quién propuso qué, mientras que prominentes figuras de Washington tratan de tomar distancia.

El secretario de defensa Mark Esper dijo que no sabía lo que planeaba Trump cuando le pidió que lo acompañase. El general Mark Milley, jefe del estado mayor conjunto, emitió una notable disculpa pública por haber participado. Varios republicanos, incluidos los senadores James Lankford y Ben Sasse, criticaron el uso de la fuerza y la explotación de la religión.

Trump estaba que echaba humo por las reacciones. Dijo que sus asesores no lo prepararon debidamente para las críticas que recibió y se quejó de que la cobertura de la prensa era injusta, de acuerdo con tres personas de la Casa Blanca y la campaña del mandatario que no estaban autorizadas a hablar de conversaciones privadas. Le molestaron los cuestionamientos de Esper y Milley, pero por ahora no piensa despedirlos, según las fuentes.

Randy Serrano tiene la información.

A la campaña de Trump le preocupa una pérdida de popularidad en medio de cuestionamientos acerca de su manejo de la pandemia del coronavirus, que ha causado la muerte de 120.000 personas y dejado a más de 40 millones sin trabajo en Estados Unidos. Algunos allegados a Trump comparan el episodio con otros momentos álgidos de su presidencia.

En agosto del 2017 enfrentamientos entre supremacistas blancos y manifestantes antirracistas en Charlottesville, Virginia, dejaron un manifestante muerto. En los días siguientes, Trump dijo que hubo “buena gente de ambos lados” y fue criticado incluso por sus propios correligionarios.

En julio del año siguiente el presidente participó en una cumbre con el mandatario ruso Vladimir Putin en Helsinki y se negó a decir si creía las conclusiones de sus propios servicios de inteligencia en el sentido de que Moscú había interferido en las elecciones del 2016. Esa actitud generó también enorme malestar incluso en su partido.

Ese mismo verano, su política de separar familias de migrantes causó conmoción y los demócratas dicen que fue una de las principales razones de sus avances en las elecciones de mitad de término.

“Hay momentos en los últimos tres años y medio que van tan en contra de lo que pensamos de nosotros mismos que hacen que nos preguntemos si estamos perdiendo el rumbo”, expresó Eddie Glaude, director del departamento de estudios afroamericanos de la Universidad de Princeton.

La foto en la iglesia, según encuestas, aumentó el apoyo a los manifestantes y la inquietud de la campaña de Trump en torno a las elecciones, pues cree que pude espantar a votantes indecisos.

Decenas de militares retirados, entre ellos el primer secretario de defensa de Trump Jim Mattis, criticaron lo sucedido en la Lafayette Square. La campaña de Joe Biden, el casi seguro rival demócrata de Trump en las elecciones, dijo que el episodio demostró que el mandatario piensa que “su futuro político es más importante” que los valores tradicionales de Estados Unidos.

“Cuando ordenó la dispersión violenta de manifestantes pacíficos para generar esa foto absurda, no proyectó una imagen de fuerza, como deseaba, sino más bien reflejó una profunda debilidad”, declaró el vocero de la campaña de Biden, TJ Ducklo.

Trump ha sobrevivido a controversias que probablemente hubieran hundido a otros presidentes. La investigación de dos años de la interferencia rusa no le hizo perder apoyo y su juicio político pasó prontamente al olvido tras la llegada de la pandemia. Hay quienes creen que Trump podrá salir también relativamente ileso del episodio de Lafayette Square.

“Son momentos que van a ser recordados, pero que no le harán perder apoyo”, sostuvo Julian Zelizer, historiador presidencial de la Universidad de Princeton. “Si se toma en cuenta la pandemia, las protestas y que el país ha estado paralizado por meses, es notable que su popularidad no sea más baja. De aquí a noviembre puede pasar cualquier cosa”.

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